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08 diciembre 2015

¡Qué asco somos los seres humanos!

Desde que el hombre dejó de ser una especie vegetariana hace más de dos millones de años, el hombre no abandonó su apetito de buscar carne. Inicialmente, fue caníbal (se alimentaba de su propia carne) y después tuvo que buscar otros animales para alimentarse. Con la revolución agrícola, el hombre hizo lo que para el resto de la biosfera le tomaría miles de siglos: la transformación instantánea de su entorno. Para la transformación del suelo fértil para usos agrícolas se deforestaron numerosas hectáreas dejando sin hogar a miles de especies salvajes. Los niveles de dióxido de carbono saltaron de 240 a 280 partes por millón. Según William Ruddiman, el Antropoceno (la era geológica en la que el hombre ha jugado un papel importante) no comenzó en el siglo XIX sino hace 8.000 años. ¡Qué horror! Sin embargo, las bacterias, han logrado imponerse a cualquier intento de superpoblación con pestes, junto con los desastres naturales y el colapso inevitable de varias civilizaciones. ¿Será nuestra civilización víctima de un colapso similar al que vivieron civilizaciones antiguas? Babilonia, con sus valles fértiles, colapsó por ignorar la destrucción de los Valles Fértiles. Pero el medio natural no se dio por vencido y se repoblaron los bosques, en una cuestión de milenios.  El filósofo griego Platón comparó la deforestación desenfrenada de la cubierta forestal del Ática con “un cuerpo enflaquecido por la enfermedad”. Más tarde, la civilización Maya colapsó espectacularmente por la sobreexplotación de su entorno. La civilización Wari colapsó debido a causas relacionadas con el cambio climático, superpoblación y epidemias. En 1798, Thomas Malthus publicó un ensayo en el que la producción de alimentos es superada por el crecimiento demográfico. Así que si el hambre entre los primeros humanos debido a las sequías trajo como consecuencia el canibalismo, este dio paso a la cacería y más tarde llegaría la agricultura y la ganadería. En los años de la Revolución Verde, que prometía erradicar el hambre del mundo, Rachel Carson publicó un libro llamado La primavera silenciosa, en el que el abuso del DDT tendría repercusiones sobre la agricultura. Tal analogía se puede explicar ahora en el abuso de antibióticos, cuyo uso normal ha logrado salvar vidas, sin embargo, su uso indebido ha creado resistencias para muchas bacterias de enfermedades que antes habían sido derrotadas con éxito como la malaria, la tuberculosis y el sarampión. Las vacunas, las pastillas y otros métodos de curación han creado una falsa sensación de seguridad en nuestra especie. Un año antes de que se publicara La tragedia de los comunes de Garrett Hardin, el aviador Charles Lindbergh advirtió que “cuanto más poderosa, más tecnificada y frágil llegue a ser nuestra civilización, mayor será la posibilidad de que una crisis nos devuelva a la barbarie”, tal como ya está ocurriendo en los países del Medio Oriente, en donde el caos disfrazado de orden ha dado origen a grupos extremistas como Boko Haram y el Estado Islámico. Y en los países cristianos, hay fanáticos que sueñan que algún día tomarán la Iglesia para causar una guerra santa.

31 octubre 2011

Hoy, el día de los siete mil millones, pero ¿el planeta seguirá para más?

Hoy día nacería el habitante número 7.000 millones de la especie humana en cualquier lugar del mundo, pero ¿podemos mantener un estilo de vida artificial, basado en el consumo superfluo y excesivo de recursos naturales que no respeta los ciclos vitales? Sin embargo, he aquí algunas cifras: durante la prehistoria hasta la revolución neolítica (hace más de 12.500 años), la población humana no sobrepasó del millón de habitantes. En definitiva, esto se debe a que los hombres solamente vivían de la caza, recolección y pesca, aunque no en gran escala como ahora. Cinco mil años antes del nacimiento de Cristo, la población humana ya era de 5 millones de individuos. En el comienzo de la era Cristiana, la población humana ya superó los 100 millones de individuos. Durante mucho tiempo, el crecimiento de la población humana fue muy lento, ya que el numero de nacimientos era inferior al de las muertes. Sin embargo, a fines del siglo XVIII, en Europa, la Revolución Industrial daría un impulso al crecimiento demográfico. En 1821, año de la independencia de mi país, la población mundial por primera vez superó el millardo de habitantes. Esto se debió a dos causas: el poder expansivo de los gases había trasladado grandes poblaciones humanas del campo a la ciudad, sobre todo en Europa, más específicamente en Inglaterra, donde tuvo origen el fenómeno de industrialización en gran masa. Sin embargo, la mayoría de la población se encontraba fuera de Europa; en China ya había problemas de superpoblación. A mediados del siglo pasado, la población humana superó los 2 millardos de habitantes. Diez años más tarde, la humanidad superó los 3 millardos de habitantes. Y en 1973, ya éramos 4 millardos de individuos. El 28 de septiembre de 1986, la población humana por primera vez alcanzó el entonces récord inédito, de cinco mil millones. El 18 de junio de 1999, la población humana llegó a los seis millardos (un millardo = 1.000 millones) de individuos. Hoy, con una población humana presionada por la escasez, la desesperación y la incertidumbre, siete millardos de individuos parece una exageración, pero es la cruda realidad. Nuestra especie, nulamente diversa biológicamente ha puesto a los demás seres vivos en riesgo, y hoy tenemos que tener en cuenta que el núcleo (o campo magnético) de la Tierra envejece, se desgasta por la rotación, el ciclo geológico, y otros factores, y podría ser incapaz de tolerar un cambio climático generado por la irresponsabilidad de nuestra especie. Nuestro planeta no es un pozo de recursos infinitos; los recursos pueden agotarse a una velocidad mayor de la que el núcleo puede recomponerlos. Sin embargo, no hay que preocuparse, otros países han sufrido descensos demográficos. Probablemente, quien lea algo de Historia, sabrá que la población europea cayó en números durante los siglos XIV y XV, debido a las pestes (la más conocida de todas, la “Peste Negra” acabó con más de la mitad de la población), las guerras y otras calamidades. Con la llegada de los europeos a América, la población autóctona cayó estrepitosamente debido a las epidemias traídas por los conquistadores. Incluso en Australia, donde el creciente flujo de población anglosajona extermino definitivamente a las tribus que vivían allí. Sin embargo, pese a los avances, gran parte de la población humana es analfabeta, no consume las 2.000 kilocalorías diarias recomendadas por la FAO, vive en una pobreza extrema por debajo de una organización social sobreexplotadora, despilfarradora, y vanidosa, que solamente vive del momento en vez de aprender del pasado. Como decía Lindbergh en la revista Life en diciembre de 1967, el hombre se ha convertido de una especie más al “animal más derrochador, destructivo y deficiente”. De acuerdo con Jim Lovelock en su libro La venganza de Gaia, “si fuéramos siete mil millones tendríamos que necesitar el equivalente de tres planetas Tierras idénticos y nuestro planeta solamente sirve para sostener a 500 millones”.

13 abril 2007

El desastre ecológico que viene (III)

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el calor es "la energía que pasa de un cuerpo a otro y es causa de que se equilibren sus temperaturas", pero también puede considerarse al calor como "la sensación que se experimenta ante una elevación de temperatura". Es cierto que el calentamiento global en la actualidad es producto del efecto invernadero debido al exceso de dióxido de carbono en la atmósfera. Y este calentamiento global, los científicos afirman que provocará el derretimiento de los glaciares, sequías masivas que provocarán hambrunas fatales en África y otras regiones, deforestación de las áreas forestales, altos índices de extinción en varios ecosistemas. Todo esto, fruto de un progreso irracional de la especie humana que cree que nada se puede destruir. Los físicos creen que la materia-energía no se puede crear ni destruir, pero yo sé que la masa-energía sí se puede crear y destruirse. Albert Einstein dijo que la materia no es más que energía altamente concentrada. Sin embargo, los hombres dicen: "Nada se va a destruir", pero pueden agotarse recursos valiosos como el agua, petróleo y carbón, sin embargo, estos dos últimos están destruyendo los frágiles ecosistemas del mundo.

Aunque la deforestación en las áreas tropicales produciría un efecto de calentamiento global, un estudio reciente afirma que la deforestación en las zonas donde la nieve es más común, sin embargo puede llevar, irónicamente, a un efecto de enfriamiento global, pero no se va a enfriar en cero absoluto.

Según el Diario de Cuyo de San Juan, Argentina, en su editorial publicado el 12 de abril de 2007, reza en su editorial: "El hombre a desarrollado a lo largo de la historia distintos ideales pero, a su veces en su concreción, sólo piensa individualmente y no en los derechos de los demás. Perseguir la satisfacción de las necesidades individuales sin pensar en la importancia del planeta como aldea global, ha llevado a esta (nefasta) realidad."

Aunque los seres primitivos convivían mejor con sus recursos que el hombre moderno, la destrucción moderna del medio ambiente comenzó con la revolucion industrial que se originó en Europa en el siglo XXVIII. Sin embargo, los seres humanos antes de descubrir el fuego, vivían con una abundancia en recursos naturales. Ello dista de los actuales tiempos de escasez, en que se produce, generalmente, debido al desequilibrio entre la población y los recursos naturales disponibles.

El agua, sinónimo de vida en la tierra (el 75% del cuerpo humano está compuesto de agua), se está volviéndose en un recurso escaso. La sobreexplotación de los acuíferos en varias partes del mundo y la demanda creciente de agua creará conflictos entre el uso agrícola, industrial y doméstico de este recurso. En 2000, 508 millones de humanos vivían en 31 países afectados por escasez de agua y según una estadística de la OMS, poco más de mil millones de humanos carecían de acceso a agua no contaminada. África tiene el 11% de los recursos hídricos pero el 13% de la población, Asia tiene el 60% de la población pero el 36% del agua, Europa tiene 13% de la población, pero 8% de los recursos hídricos, el continente americano cuenta con el. Ello dista de la disponibilidad del agua en tiempos primitivos, que era mucho más abundante.

01 abril 2007

El desastre ecológico que viene (I)

Una de las graves amenazas de nuestros tiempos es el cambio climático que ya ha sido anunciado en la Biblia, los mayas y la comunidad científica. El científico Sir Stephen Hawking dijo que "el cambio climático es una amenaza mayor que el terrorismo para nuestro planeta... Alertamos al mundo de los peligros que prevemos si los gobiernos no inutilizan las armas nucleares y evitan un mayor cambio climático. La actividad humana y el avance desenfrenado de la tecnología está transformando dramáticamente el clima, de forma que cambiará para siempre la vida en este planeta." Hawking dijo también que "llegará el tiempo en que sobre la Tierra lloverá ácido sulfúrico".

A partir del siglo XVII, la humanidad empezó a utilizar combustibles fósiles que la Tierra había acumulado en el subsuelo durante su larga historia geológica. La quema de petróleo, carbón y gas natural ha causado un aumento de la densidad del dióxido de carbono en la atmósfera que en la actualidad es de 1,4 ppm al año y produce el consiguiente aumento de la temperatura. Se estima que en los últimos 150 años, la temperatura de la atmósfera aumentó en 0,5°C y se pronostica un aumento de 1°C en 2020 y otro de 2°C en 2050. Según el suplemento Dominical del diario El Comercio de la capital publicado hoy, si se calienta la meseta de Junín podrían desaparecer las tierras fertiles, aptas para cultivar maca. Si el hielo derretido del casquete polar ártico invade las zonas de corriente, alterará la salinidad del agua y se producirían cambios climáticos severos en el Hemisferio Norte. El Huascarán pudo haber sido una maravilla fotográfica para el recuerdo, pero hoy es un desastre; a pesar de que la montaña mide 6.768 metros, podría quedarse sin agua dentro de casi 100 años.

La amenaza contra la vida salvaje ha sido una constante en la historia de la humanidad. En 1967, en un artículo de la revista Life, el famoso aviador Charles Lindbergh dijo: "La vida salvaje es también del hombre... Si nuestra civilización estuviera más tecnificada, sofisticada y delicada, mayores seran las causas de que una crisis nos lleve a la barbarie." Eso es lo que está ocurriendo: deforestación masiva, emisión de gases contaminantes, destrucción de los recursos renovables, agotamiento de recursos prácticamente escasos como el petróleo, agua y otros. Esto es lo que dijo Lester Brown en su libro más reciente, Plan B 2.0: "Nuestra civilización está ahora en un destino económico que no puede sostenerse en sentido ecológico, lo que nos lleva hacia el desastre y probablemente fracaso económicos."

Según Leonardo Boff, "para toda la Humanidad, el tipo de desarrollo hoy imperante, requeriría tres planetas iguales al nuestro". Ello quiere decir que "solo tenemos esta único planeta para habitar, sus recursos son limitados, muchos de éstos no son renovables, el agua dulce en la actualidad es el bien más escaso de la naturaleza, la energía fósil, motor de la revolución industrial, tiene los días contados y el crecimiento demográfico es amenazador."

Según el sitio Rebelión.org, "lo sostenible es lo sencillo, lo austero y se contrapone al consumo consumo desenfrenado, al mundo de la moda, al mundo de la publicidad que busca hacernos sentir feos y gordos para luego poder vendernos productos cosméticos que nos hagan tan atractivos y seductores como la misma publicidad dice que tenemos que ser. Sobra decir que la austeridad o la sencillez en el consumo es la bicha de la economía de mercado y por tanto, la promoción y práctica de alternativas no monetarizadas, como las cooperativas, el trueque, la reutilización o reducción en la compra de productos son opciones radicales y con posibilidad de incidir en la transformación social."

No hay que olvidar que el ritmo de consumo ha crecido en 70% entre 1961 y 2005, según un estudio del Fondo Mundial para la Naturaleza. La huella ecológica ha superado la capacidad creadora de recursos de nuestro planeta desde la década de 1981-1990. Sin embargo, ¿porqué estamos consumiendo más de lo que la Tierra puede crear; en la actualidad la civilización está consumiendo el 120% de los recursos que produce el planeta. Nuestro planeta es una fuente de recursos, pero no puede considerarse inagotable por que es materia bariónica, y esta materia bariónica esta formada por átomos, neutrones y protones. Además, si destruyéramos toda la masa de nuestro planeta Tierra a la velocidad de la luz, solamente habría un espacio vacío. Cero absoluto. Y eso es: ni la masa ni la energía no se puede conservar (contrariamente a la percepción científica actual, que piensa que la materia-energía no se crea ni se destruye). La huella ecológica es más evidente en los países industriales: los diez primeros países con mayor huella ecológica son: Estados Unidos, Australia, Kuwait, Suecia, Finlandia, Canadá, Dinamarca, Irlanda, Noruega y Francia.

Según el Living Planet Report 2007, "los ecosisitemas naturales del planeta están siendo degradados a tasas sin precendentes en la historia reciente". Según el reporte, las proyecciones de la huella ecológica humana para 2050 requerirían del uso de los recursos naturales de dos planetas similares al nuestro. El estudio estima que entre 1961 y 2005, se han extinguido un 31% de las especies terrestres, un 28% de las especies de agua dulce y 27% de las especies marinas. La huella ecológica de la humanidad excede la biocapacidad de la Tierra en ¡25%!

Según James Leape: "Estamos frente a una demanda ecológica en alza, consumiendo recuros con mayor velocidad que la capacidad natural de la Tierra para regenerarlos, y las consecuencias de este tipo de consumo ya son conocidas."

Prosigue Leape: "es tiempo de tomar decisiones vitales: cambiar nuestros estándares de vida para reducir nuestro impacto en la naturaleza, pero no será fácil. Las ciudades, las fuentes energéticas y los hogares en que vivimos deben transformar sus patrones para una vida sostenible, nosotros y las futuras generaciones." Esto deja claro que el modo de vida de los países industriales no debe extenderse al resto del mundo, por lo que una economía mundial sostenible exige una restricción del consumo en dichos países.

Volveremos a hablar del desastre ecológico la próxima vez.

13 marzo 2007

El mar de Aral, una pesadilla ecológica

Uff, recientemente he tipeado una novela para Marysabel y ahora me he metido en frío con esta nota sobre el mar de Aral, el ex-cuarto lago en tamaño de nuestro planeta. Consultando varios libros de referencia como enciclopedias, almanaques de bolsillo y libros de geografía, he podido enterarme que el mar de Aral, era en 1980, el cuarto mayor lago del mundo, con una superficie de 64.500 kilómetros cuadrados. Sin embargo, en 1995 era de apenas 31.000 kilómetros cuadrados.

Durante mucho tiempo, el mar de Aral era el cuarto lago de mayor tamaño en el mundo, abarcaba una superficie de 66.000 kilómetros cuadrados y almacenaba 1.000 kilómetros cúbicos de agua. Sin embargo, desde 1960, la superficie del mar de Aral se ha reducido constantemente, debido a los trasvases de agua los ríos que lo alimentan. Durante la era soviética se empezó a desviar agua de los ríos Amu Daria y Sir Daria para regar los cultivos de algodón en Kazajstán y Uzbekistán, lo que, desde 1960 hasta hoy, el mar de Aral sufriera una notable reducción en su masa. Hoy, el mar de Aral es uno de los lagos más contaminados del mundo.

En 1918, la entonces naciente Unión Soviética decidió desviar parte del agua de los dos grandes ríos de Asia Central que alimentaban al mar de Aral, para poder desarrollar cultivos de algodón en el desierto de Asia Central. Como consecuencia, el Asia Central soviética comenzó a producir arroz, melones, cereales y algodón. La Unión Soviética logró convertirse en uno de los principales productores mundiales de algodón.

Los canales de irrigación comenzaron a construirse a gran escala en los años 30. La calidad de la construcción de la mayoría de estos canales era ínfima, lo cual dejaba que parte del agua se filtrara o se evaporara. En el caso del canal de Kara Kum, el mayor de Asia Central soviética, se desaprovechaba hasta un 70% de agua.

Antes de 1960, se estima que ya se desviaban a la Tierra entre 20 y 50 kilómetros cúbicos de agua. Así, la mayor parte del suministro de agua del Mar de Aral se había desviado y a partir de la década de 1960, el mar comenzó a disminuir de tamaño. Entre 1961 y 1970, la densidad de agua del mar cayó a un nivel sin precedentes, entre 50-60 cm por año, y para la década de 1980, continuaba cayendo a una tasa de 80-90 cm por año. Mientras, en el mismo período, la cantidad de agua usada para riego continuaba incrementándose.

La desaparición del lago era paulatina. Los soviéticos lo consideraron una catástrofe y un ingeniero había dicho en 1968 que era evidente para todo el mundo que la desaparición del Mar de Aral era inevitable. El Mar de Aral, antes considerado el cuarto lago en tamaño en el mundo, ahora es un mar de lágrimas para la población que sobrevive en las zonas circundantes a la cuenca. Hace 10 años, un estudio mostró que 700.000 mujeres que habitaban en esta zona estaban cerca del 97% anémicas, debido a la contaminación del agua que consume la población cercana al lago.

Sin embargo, no solamente las aguas fueron las más atacadas. El mar de Aral poseía una riquísima flora y fauna antes de la explotación irracional de sus aguas. El mar de Aral se está secando desde hace buen tiempo, y hoy, está dividido en tres secciones: el mar Menor en Kazajstán, el mar Central y Occidental en Uzbekistán. El mar de Aral, como se ha dicho ocupa hoy menos de la mitad de su tamaño original y su volumen representa una cuarta parte; el 95% de los pantanos y tierras húmedas cercanas se han transformado en desiertos.

El desastre ecológico del mar de Aral es un ejemplo de un desarrollo insostenible. Un ejemplo de esto es que las aguas de los ríos que alimentan al Aral son mínimas, por lo que la situación es ahora muy preocupante. Este caso de mala utilización del agua por el hombre, está destruyendo la vida humana.